Para pacientes · Salud digestiva

Acidez y reflujo: cuándo consultar y qué estudios hacen falta

¿Necesitás una endoscopía si tenés acidez? ¿Qué significa que el estudio sea normal y las molestias sigan?

Sobre este episodio

En este episodio, el Dr. Rodny Britos explica las diferencias entre acidez, regurgitación y enfermedad por reflujo. Recorremos qué información conviene llevar a la consulta, qué puede mostrar una endoscopía y cuándo un monitoreo del esófago puede aportar otra parte de la respuesta.

También hablamos de los síntomas que requieren evaluación, de la importancia de revisar los tratamientos con el profesional y de por qué las medidas cotidianas se adaptan a cada persona. Una explicación para entender el recorrido de atención sin elegir estudios ni cambiar medicación por tu cuenta.

Contenido educativo para personas adultas. No reemplaza la consulta ni la evaluación profesional. No inicies, suspendas ni modifiques tratamientos por tu cuenta.

Transcripción

El texto completo del episodio, para leerlo o volver a la parte que necesites.

La pregunta de partida

Te vuelve la acidez y aparece la duda: ¿necesito una endoscopía? O quizá ya te hiciste una, salió normal y seguís con molestias. ¿Cómo se entiende eso?

Soy el doctor Rodny Britos. En este episodio vamos a ordenar esas preguntas: qué llamamos reflujo, cuándo conviene consultar y qué información aporta cada estudio.

La idea es que puedas llegar a la consulta con un relato claro de lo que te pasa. No necesitás aprender nombres difíciles ni elegir un estudio por tu cuenta. Necesitás entender qué pregunta se intenta responder.

Vamos a empezar por una diferencia que ayuda mucho: sentir acidez, tener una lesión visible y demostrar reflujo con una prueba son cosas relacionadas, pero no equivalentes. Este contenido está dirigido a personas adultas y no reemplaza la evaluación de tu situación.

Acidez y regurgitación

El esófago es el conducto que lleva lo que tragás hacia el estómago. Cuando parte del contenido del estómago vuelve hacia arriba, hablamos de reflujo.

La acidez suele describirse como un ardor detrás del pecho que puede subir hacia la garganta. La regurgitación es otra sensación: vuelve contenido o líquido hacia la boca, a veces con gusto ácido o amargo, sin el esfuerzo de un vómito.

No todas las personas lo describen igual. Por eso sirve contar qué sentís con tus propias palabras: ardor, líquido que sube, dolor o dificultad para tragar. Decir solamente “tengo gastritis” puede dejar afuera información importante.

Un episodio ocasional no alcanza, por sí solo, para definir una enfermedad. Cuando las molestias se repiten, interfieren con tu vida o aparecen complicaciones, el profesional evalúa si se trata de enfermedad por reflujo y cómo seguir.

Qué contar en la consulta

Antes de pensar en estudios, conviene reconstruir el recorrido de las molestias. ¿Desde cuándo aparecen? ¿Te despiertan? ¿Pasan después de comer o al acostarte? ¿Lo que más molesta es el ardor o que vuelva líquido?

También importa saber qué probaste. Llevá el nombre de los medicamentos, cómo los tomaste y qué cambió. Si no recordás el nombre, una foto de la caja puede ayudar. No hace falta que llegues con una explicación de por qué funcionaron o no.

Preparar esta información no significa vigilar cada bocado ni llevar un registro interminable. Unas notas breves alcanzan para no olvidarte de lo importante.

Y separá dos datos: cuánto te molesta y qué alivio obtuviste. Mejorar con un tratamiento aporta información, pero no explica automáticamente todos los síntomas. La consulta une esas piezas con tus antecedentes y tu examen.

Cuándo consultar antes

Hay situaciones en las que no conviene seguir esperando ni atribuir todo a la acidez. Consultá si la comida se traba, si te duele al tragar, si bajás de peso sin buscarlo o si los vómitos se repiten. También si te informaron una anemia que todavía no tiene explicación.

Si vomitás sangre, observás materia fecal negra, parecida al alquitrán, o aparece un dolor de pecho fuerte, súbito u opresivo, buscá atención urgente. Más todavía si el dolor viene con falta de aire, sudoración o malestar intenso. No esperes a comprobar si mejora con un antiácido.

Estas señales no confirman una enfermedad determinada. Indican que hace falta evaluar otras posibilidades y decidir la prioridad de atención. Haber tenido reflujo antes no permite dar por hecho que cualquier síntoma nuevo tenga la misma causa.

Qué aporta la endoscopía

La endoscopía permite mirar el revestimiento del esófago, del estómago y de la primera parte del intestino. Se realiza con un tubo flexible con cámara. Si hace falta, durante el procedimiento se pueden tomar pequeñas muestras, llamadas biopsias, para analizarlas después.

¿Qué busca en alguien con molestias que podrían ser por reflujo? Puede detectar inflamación visible y complicaciones, y ayudar a investigar otras causas de los síntomas. El resultado se interpreta junto con la historia clínica.

No todas las personas con acidez necesitan una endoscopía de entrada. Su indicación cambia, por ejemplo, cuando hay dificultad para tragar, otros signos de alarma, factores de riesgo o molestias que no responden como se esperaba.

Una pregunta útil es: “¿Qué esperamos encontrar con este estudio y cómo cambiaría el plan?”. Entender esa respuesta ayuda a darle sentido al procedimiento.

Una endoscopía normal

Ahora volvamos a una duda del comienzo: “La endoscopía salió normal, pero yo sigo con ardor”. Un resultado normal significa que ese examen no mostró determinadas alteraciones visibles. No significa que tus molestias sean imaginarias.

Puede haber reflujo sin una lesión que se vea durante la endoscopía. También puede haber otras explicaciones. Si hace falta distinguirlas, el profesional elige el paso siguiente según lo que ya se sabe.

Por eso conviene evitar dos conclusiones apresuradas: “Como salió normal, no me pasa nada”, o “Como sigo con ardor, seguro necesito más medicación”. Ninguna se desprende automáticamente del informe.

Guardá también los resultados de las biopsias, si te las hicieron. La observación con la cámara y el análisis de las muestras son partes diferentes de la evaluación. Llevar ambos informes permite revisar el estudio completo.

Medir lo que sucede durante el día

Cuando la pregunta es cuánto reflujo ocurre y cómo se relaciona con las molestias, puede utilizarse un monitoreo del esófago. Hay distintas formas de hacerlo: algunas usan una sonda fina y otras, una pequeña cápsula que registra información durante más tiempo.

La medición de acidez se llama pHmetría. Otra técnica, la impedancia combinada con esa medición, permite estudiar también movimientos de contenido que no son muy ácidos.

Durante el registro pueden pedirte que anotes comidas, momentos de acostarte y síntomas. Esos datos ayudan a interpretar lo medido. No es solamente un número al final del día.

La preparación cambia según la pregunta del estudio y los medicamentos que tomás. Pedí las indicaciones con anticipación. No suspendas tratamientos por tu cuenta para intentar que el resultado sea más claro.

Hábitos sin listas universales

Con la alimentación suelen aparecer listas muy largas de prohibiciones. Pero una lista general no reemplaza conocer qué te pasa a vos. Conviene conversar sobre las comidas que se relacionan de manera repetida con tus molestias, los horarios y lo que resulta posible cambiar en tu rutina.

Acostarse poco después de comer puede favorecer síntomas en algunas personas. Si el problema es nocturno, el profesional puede explicar medidas específicas para ese momento. El tabaquismo y el peso, cuando corresponda, también forman parte de la evaluación, sin culpa ni promesas de una solución única.

No necesitás eliminar muchos alimentos al mismo tiempo para demostrar que te estás cuidando. Un plan comprensible permite identificar qué cambio se está probando y revisar si sirve.

La pregunta puede ser: “¿Qué medida tiene sentido en mi caso y cómo vamos a evaluar el resultado?”.

Un tratamiento con seguimiento

Si te indican medicación, necesitás saber para qué se usa, cómo seguir la indicación y cuándo se revisará el resultado. La duración depende de la situación clínica. No se decide solamente por cuánto tiempo hace que alguien conocido la toma.

Si mejorás, conversá cómo continúa el plan. Si no mejorás, contalo con precisión: qué síntoma persiste, en qué momento aparece y si pudiste cumplir la indicación. A veces hace falta revisar el modo de uso; otras veces, revisar la explicación de las molestias.

Tampoco conviene sacar conclusiones por un comentario alarmante sobre un medicamento. Los beneficios y riesgos se evalúan para cada persona. No inicies, aumentes ni suspendas un tratamiento por tu cuenta.

Y recordá que la tos o la ronquera pueden tener causas distintas del reflujo. Es importante que esas posibilidades se evalúen cuando forman parte del problema.

Tres preguntas para seguir

Para la próxima consulta, podés llevar tres preguntas. Primera: “¿Qué datos hacen pensar que mis molestias son por reflujo?”. Segunda: “Si necesito un estudio, ¿qué queremos saber con él?”. Y tercera: “¿Cuándo revisamos el resultado del plan?”.

Si ya tenés informes, juntalos con la lista de medicamentos. Si apareció un síntoma nuevo, contalo aunque te parezca que no tiene relación. Eso ayuda a que la evaluación parta de tu situación actual.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿necesitás una endoscopía? La respuesta depende de tus síntomas, antecedentes y evolución. Entender qué aporta cada paso permite conversar esa decisión con más claridad.

En esta página tenés la transcripción y las fuentes para volver sobre lo que necesites. En el próximo episodio vamos a hablar de hinchazón y de una pregunta frecuente: ¿siempre es SIBO?

Consultorio Britos. Escuchar, explicar y acompañar.

Fuentes del episodio

  1. Katz PO et al. ACG Clinical Guideline: Guidelines for the Diagnosis and Management of Gastroesophageal Reflux Disease. Am J Gastroenterol. 2022;117:27–56. doi:10.14309/ajg.0000000000001538. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8754510
  2. Gyawali CP et al. Updates to the modern diagnosis of GERD: Lyon consensus 2.0. Gut. 2024;73:361–371. doi:10.1136/gutjnl-2023-330616. gut.bmj.com/content/73/2/361
  3. Yadlapati R, Gyawali CP, Pandolfino JE. AGA Clinical Practice Update on the Personalized Approach to the Evaluation and Management of GERD: Expert Review. Clin Gastroenterol Hepatol. 2022;20:984–994.e1. doi:10.1016/j.cgh.2022.01.025. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9838103
  4. ASGE Standards of Practice Committee; Desai M et al. American Society for Gastrointestinal Endoscopy guideline on the diagnosis and management of GERD: methodology and review of evidence. VideoGIE. 2025;10:81–137. doi:10.1016/j.vgie.2024.10.001. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11852708
  5. NIDDK. Symptoms & Causes of GER & GERD. Revisión julio de 2020; consulta 10/10/2026. www.niddk.nih.gov/health-information/digestive-diseases/acid-reflux-ger-gerd-adults/symptoms-causes
  6. NIDDK. Diagnosis of GER & GERD. Revisión julio de 2020; consulta 10/10/2026. www.niddk.nih.gov/health-information/digestive-diseases/acid-reflux-ger-gerd-adults/diagnosis
  7. MedlinePlus. Chest pain. Consulta 10/10/2026. medlineplus.gov/ency/article/003079.htm

Locución generada con la voz del Dr. Rodny Britos, con su autorización. Contenido revisado por el profesional antes de publicarse. Ilustración conceptual de esófago y estómago.

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